miércoles, 1 de diciembre de 2010

my way

mi camino............Cierto día, un becerro tuvo que atravesar un
bosque virgen para volver a su pradera. Como
era un animal irracional abrió un sendero tortuoso,
lleno de curvas, subiendo y bajando
colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí
usó ese mismo sendero para atravesar el bosque.
Después fue el turno de un carnero, jefe de un
rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a
su rebaño seguir por allí.
Más tarde, las personas comenzaron a usar
ese mismo sendero: entraban y salían, giraban a
la derecha y a la izquierda, descendían, se
desviaban de los obstáculos, quejándose y
maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían
nada para crear una nueva vía.
Después de tanto uso, el sendero acabó
convertido en una amplia carretera donde
los pobres animales se cansaban bajo pesadas
cargas, obligados a recorrer en tres horas una
distancia que podría realizarse en treinta minutos
si no hubieran seguido la vía abierta por
el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió
en la calle principal de un poblado y,
finalmente, en la avenida principal de una
ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque
el trayecto intrincado era el peor de todos.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se
reía al ver que las personas tienen esa ciega
tendencia rutinaria a seguir la vía que ya está
abierta, sin preguntarse si habría acaso una
mejor opción o camino. Tal vez hubiesen descubierto
otros paisajes más bellos.
De seguro has escuchado la frase “eso
siempre se ha hecho así, ¿para qué voy a
cambiarlo?”
¿Con cuanta frecuencia nos preguntamos si
“éste será el mejor modo de hacer esto”?
¿Los planificadores realmente son
innovadores, o siempre siguen los mismos
caminos?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

the life

No estabas allíGandhi, el líder espiritual de los hindúes,
poseía una bondad increíble con todos.
Muchas de sus historias hablan de este detalle.
Pero el siguiente episodio es diferente: uno de
sus discípulos sentía celos y quería matarlo.
Un día el maestro estaba paseando y reflexionando
por un camino solitario. Desde la
cima de una colina cercana, el traidor que lo
acechaba le tiró una piedra grande que hizo
rodar por la ladera. Por fortuna la piedra se
trabó con un árbol y se detuvo antes de dar en
el blanco.
Desde la distancia, Gandhi reconoció a su
agresor pero no dijo nada y tampoco contó a
nadie lo sucedido ese día.
Mucho después se cruzaron los mismos dos
hombres y Gandhi, sin vacilar, procedió a
saludarlo con alegría y respeto. El hombre le
preguntó muy sorprendido si no estaba enojado
con él. Gandhi le respondió que no.
—Maestro, ¿puede decirme por qué no le ha
dicho nada a nadie, y cómo ha hecho para no
enojarse conmigo ahora mismo?
—Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni
yo soy ya el que estaba allí cuando me fue
arrojada.
Una primera lectura sugiere que uno puede
cambiar de una época a otra. “Nadie se baña
dos veces en el mismo río”, como dijo Heráclito.
Si es así, ¿no será mejor empezar por creer que los
sentimientos han cambiado de un periodo a otro,
y que otros sentimientos, empezando por el
perdón, pueden mantener el corazón lleno de
luz?